..REFERENCIAS CRÍTICAS
Poesía


Heddy
Navarro


ESCRITURA FEMENINA
Juan Armando Epple
/ University of Oregon / Chasqui
Revista de Literatura Latinoamericana, número 1, volumen XIX, mayo 1990.

La escritura femenina y feminista de Chile parece haber superado definitivamente su tendencia a la inserción imitativa en los parámetros consagrados del canon nacional o su ostentación marginal de rebeldías. Emergiendo con inusitadas energías liberadoras en un período de crisis que ha obligado a revisar críticamente nuestra percepción de la contemporaneidad histórica, y a reformular nuestros dilemas y utopías, esta escritura ha ido decantando ciertos registros distintivos que permitirán perfilarla como una "nueva poesía femenina".
En esta nueva promoción de poetas chilenas se destacan, a mi juicio, tres autoras cuyas propuestas suponen un punto de partida radicalmente diferente de los registros temáticos y formales que privilegiaban las generaciones precedentes: Soledad Fariña, Heddy Navarro y Verónica Zondeck. Pienso que lo que las identifica y las distingue de lo que comúnmente se difundía en Chile como expresión poética femenina es la desinhibición ideológica en el trato con la realidad, una concepción de la poesía como proceso de creación verbal que pone en tensión dialogante tanto las facultades cognoscitivas como emotivas de la personalidad que enuncia el discurso, y una exploración rigurosa de las opciones del lenguaje para significar estas dimensiones de la realidad, exploración que convierte el texto en un campo sensual y cerebral de configuraciones, en un cuerpo que se modela como paráfrasis de la idea primigenia de creación. La corporización del texto atrae así a la propuesta creativa las asociaciones de auto-exploración (en que el despertar de la sensualidad se metaforiza como exploración sensorial de las texturas del discurso), reconocimiento de una identidad, y refundación de un sistema de relaciones intelectivas para habitar más plenamente los espacios íntimos y sociales de nuestra cotidianidad. En el proceso, fiscalizando por lo general la tentación paródica, el texto termina subvirtiendo las formas tópicas de los lenguajes heredados, desde el tradicional registro intimista que se le supone a la poesía, pervivencia de una noción romántica del género, hasta los modelos públicos de discurso.
El último libro de Heddy Navarro, Poemas insurrectos (1988), es un buen ejemplo de esta nueva poética feminista chilena.
Los poemas insurrectos que integran este volumen formalizan una perspectiva creadora que se hace cargo de los dilemas, requisitorias de la liberación social y femenina, contextualizando una identidad a la vez corporal e histórica, donde la mujer revierte el rol tradicional que le ha sido asignado, se despoja de los sucesivos ropajes ideológicos, y desde la desafiante desnudez de su sensibilidad y capacidad de rearticulación lógica del mundo, reivindica par sí un rango protagónico en los quehaceres del mundo.
La primera sección del libro ("Poemas insurrectos") confronta las expectativas del discurso político y su pretensión homogeneizante, canalizando en la subversión textual de las proclamas, informes, comunicados y plataformas una inquietante aclaración de opciones y una declaración sediciosa de principios que la cerrazón ideológica o el pudor han relegado a un estatuto marginal.
En esta desembozada confrontación del sedimento radical de los lenguajes en uso, la palabra "principio" se va cargando de connotaciones olvidadas o pervertidas por la división biológica y social de la pareja, a fin de cuentas un fenómeno de naturaleza histórico-cultural más que de legalidad biológica: el principio de igualdad política que se gesta en la concertación pública de la calle debe reafirmarse con la
igualdad familiar de la casa y a la vez recuperar cierto estatuto originario de igualdad erótica y genésica. En este sentido la reivindicación de la sexúalidad, en una sociedad que ha bastardeado la naturaleza humana manipulando ideológicamente las dicotomías hembra-macho, hombre-mujer, naturaleza-espíritu, sentimiento-intelecto, procreación-cre ación, etc., se convierte en una insoslayable petición de principio: aprender a leer su energía liberadora nos lleva a reestablecer los parámetros dialogantes entre la naturaleza (humana) y la historia, a liberarnos de la autocomplaciente costumbre de habitar espacios sucedáneos de libertad.
La segunda sección ("Monólogo de la hembra tardía") articula un poderoso registro poético que concentra y distiende la experiencia plural de la mujer como sujeto biológico, histórico y figura rebelde a los sucesivos arquetipos culturales que le han asignado. Al desarticular las imágenes heredadas y su andamiaje retórico, la hembra selecciona los signos parciales, fragmentados, de su identidad, enhebra los derroteros inconclusos de su historia, y articula una conciencia y una fisonomía fundada no en las dicotomías maniqueas sino en una estrategia solidaria.
Arte de la pasión lúcida, esta obra explora la ductibilidad sensual de logos, propicia la unidad de los contrarios a partir del reconocimiento de una dialéctica natural ligada íntimamente a la social, y define así el estatuto del amor combativo y dialogante.

 

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